En camino hacia Santiago entre fe y fraternidad

22 de August de 2026

Redacción
Italia Italia

Peregrinación a Santiago de Compostela
Anna Maria Federico, de la diócesis de Perugia, junto a su marido durante la peregrinación a Santiago de Compostela

(por Anna Maria Federico – Umbría)

La propuesta era exigente: una peregrinación diocesana a lo largo del último tramo del camino francés partiendo desde Sarria, recorriendo 118 km hacia Santiago de Compostela. Junto a un numeroso grupo de jóvenes y educadores de la diócesis de Perugia – 420 en total –, se ofreció a los adultos el mismo recorrido de una forma más accesible. Decidimos aceptar la propuesta y nos embarcamos del 24 de julio al 1 de agosto en una experiencia verdaderamente única…

Mantente en contacto con spazio + spadoni

Suscríbase al boletín

Los adultos viajamos en avión, a diferencia de los jóvenes que hicieron el trayecto en autobús. En las seis etapas, con un promedio de 20 km diarios, contamos con el apoyo de autobuses que trasladaban nuestro equipaje a las localidades donde pernoctábamos: Sarria, Portomarín, Palas de Rei, Melide, Arzúa, O Pino.

Comenzar la marcha muy temprano cada mañana, sobre las 6:00–6:30 h (aprovechando el frescor matinal, entre 15 y 18 grados), parecía arduo, pero este «ir hacia» nos ayudó a redescubrir el auténtico sentido del camino. Entre nuestras familias, unas veinte en total, había personas jóvenes y adultas: la primera sensación para algunos fue el temor de no poder completar el itinerario, especialmente los dos primeros días con etapas de 22 y 25 km.

El ritmo interior y la fuerza de la oración

Pronto cada uno miró en su interior y encontró su propio ritmo. No puedo expresar lo que sintieron mis compañeros, pero mi esposo Francesco y yo sentimos el impulso de avanzar fijándonos no en las dificultades, sino en las oportunidades; esa fue la clave que me ayudó especialmente a mí, que no soy dada a largas caminatas y tengo hábitos más sedentarios.

Al reflexionar sobre ello, comencé de inmediato a mirar en mi interior y ordenar lo que albergaba en el corazón: ante todo, una acción de gracias a Dios que me ha sostenido en estos últimos años marcados por problemas de salud. Luego, el propósito de ofrecer la peregrinación para pedir el auxilio del Señor por tantos familiares y amigos que nos encomendaron sus oraciones. Y, finalmente, el deseo de abrir el corazón al mundo.

Encuentros en el camino y una Iglesia universal

El Camino de Santiago tiene una particularidad maravillosa: te permite encontrar a personas de todo el mundo, donde una sonrisa, una palabra y un «buen camino» sincero te alientan en cada etapa… No sabía bien qué esperar, pero en el trayecto comprendes con hondura que la Iglesia es universal y portadora de esperanza.

No todas las personas encontradas eran creyentes, pero se detenían con respeto al escuchar el rezo del rosario. Incluso en los lugares de descanso reinaba una actitud fraternal y solidaria. Tuve la oportunidad de conversar con un joven argentino que me compartió su mate, dos muchachas de Colombia y Venezuela con sus banderas y una familia portuguesa con la que volvíamos a coincidir en las etapas siguientes.

Parece increíble, pero abriéndonos a los demás y a la oración personal y comunitaria (celebrábamos la Santa Misa a diario), fui consciente de que la fuerza procedía de Él… Contar con este manantial interior hace olvidar los dolores, las ampollas en los pies, el cansancio y cualquier dificultad física.

La llegada a Santiago y el llamado a hacerse prójimo

Descubres que eres capaz de lograr cosas que jamás pensaste alcanzar; en el corazón florece la gratitud a Dios, a los hermanos, a la peregrinación y al apóstol Santiago que te llamó a vivir esta experiencia. Todo alcanza su plenitud al entrar en la gran plaza del Obradoiro; ante la basílica de Santiago, contemplas a personas arrodilladas, abrazándose y cantando con profunda emoción, comprendiendo que de esta llamada nace una auténtica misión…

En Santiago se entrelazan vidas e historias, y experimentamos que en el camino todos estamos llamados a hacernos prójimos de quien camina a nuestro lado. Resulta imposible no rezar y no tener presentes los sufrimientos de tantos hermanos en países afectados por guerras, violencia, terremotos y hambre. Estamos llamados a acompañar a quien encontramos, aunque sea en un breve tramo del sendero, con la oración, la palabra y el consuelo del Espíritu Santo que actúa en los corazones sencillos y puros…

Tener esta certeza es un don inmenso que nos fortalece y nos hace descubrir la belleza de caminar juntos… Una red de caminantes, al igual que tantos misioneros que a lo largo del tiempo han recorrido el mundo, escuchando, sonriendo y acompañando a sus hermanos, anteponiendo siempre el amor.

Gracias a cuantos caminan por los senderos del mundo, siempre adelante…

Foto de Anna Maria Federico

Compartir este artículo

Las palabras pueden inspirar; compartir puede hacer que lleguen aún más lejos.

Home » Noticias » En camino hacia Santiago entre fe y fraternidad
Opera M Colabore con nosotros