Un capítulo a la vez del libro de Nino Savarino, Gobernador de la Misericordia di Rosolini, amigo de spazio + spadoni y colaborador de varios proyectos y del blog.
Del Salmo 121 (120) cántico de las subidas
Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El Señor te protegerá de todo mal, él guardará tu vida. El Señor guardará tus entradas y salidas, desde ahora y para siempre.
Vamos, partamos. Llevemos a todas partes la buena noticia
Decía el Papa Francisco: “Aprovecho la ocasión para agradecer a los misioneros y misioneras que, respondiendo a la llamada de Cristo, lo han dejado todo para marchar lejos de su patria y llevar la Buena Noticia allí donde la gente aún no la ha recibido o la ha acogido hace poco.
Queridísimos, vuestra generosa entrega es la expresión tangible del compromiso de la misión ad gentes que Jesús confió a sus discípulos: «Vayan y hagan discípulos a todas las naciones» (Mt 28,19).
Sigamos, por tanto, rezando y dando gracias a Dios por las nuevas y numerosas vocaciones misioneras para la obra de evangelización hasta los confines de la tierra.
Y no olvidemos que cada cristiano está llamado a participar en esta misión universal con su propio testimonio evangélico en todos los ambientes, de manera que toda la Iglesia salga continuamente con su Señor y Maestro hacia las ‘encrucijadas de los caminos’ del mundo de hoy.
¡Que todos nosotros, los bautizados, nos dispongamos a ponernos en camino una vez más, cada cual según su condición de vida, para suscitar un nuevo movimiento misionero, como en los albores del cristianismo!”.
Ir por el mundo a llevar el Evangelio: es la invitación de Jesús.
Ir hasta los confines de la tierra, a lugares lejanos. Pero también ir a la vuelta de la esquina, porque también allí el Señor es un desconocido. Dios es el “olvidado” en lugares donde ni te lo imaginas: en la escuela, en el trabajo, entre los amigos. Incluso en la propia familia.
Partir es salir de uno mismo, dirigirse justo donde hay más necesidad de Jesús. No siempre hace falta recorrer miles de kilómetros. El trayecto es un viaje existencial. Por eso no podemos considerarnos exentos de partir. Por eso no podemos delegar la “partida” únicamente en los misioneros “oficiales”.
Todos somos misioneros, en cualquier rincón del mundo, para decirles a todos los hermanos que no están solos, que no están desnudos. Nuestro camino será hermoso si es un verdadero ir por las encrucijadas de cada calle para proclamar a todos la Buena Noticia del amor misericordioso de Jesús y decir a cada uno “yo estoy a tu lado”.
¿Qué podemos hacer en concreto?
Vestir al desnudo
“Y la otra cosa es vestir al que está desnudo: ¿qué significa esto sino restituir la dignidad a quien la ha perdido? Ciertamente dando ropa a quien carece de ella; pero pensemos también en las mujeres víctimas de la trata arrojadas a las calles, o en las demás y excesivas maneras de tratar el cuerpo humano como una mercancía, incluso el de los menores. Del mismo modo, no tener empleo, vivienda ni un salario digno es una forma de desnudez; o ser discriminado por motivos de raza o credo: son todas formas de ‘desnudez’ ante las cuales, como cristianos, estamos llamados a estar atentos, vigilantes y dispuestos a actuar.
Queridos hermanos y hermanas, no caigamos en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, indiferentes a las necesidades de los hermanos y pendientes solo de nuestros propios intereses. Es precisamente en la medida en que nos abrimos a los demás cuando la vida se vuelve fecunda, las sociedades recuperan la paz y las personas recobran su plena dignidad. Y no se olviden de aquella señora, no se olviden de aquel migrante que olía mal y no se olviden del conductor a quien el migrante le transformó el alma.” (Papa Francisco, Audiencia general del 26 de octubre de 2016)
Puntos de reflexión
¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, desatar las coyundas del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper todo yugo? ¿No consiste en partir tu pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, vestir al que veas desnudo y no desentenderte de tu propia carne? (Isaías 58, 6-7)
Fuente e imagen: Nino Savarino, “Testigos de misericordia”, págs. 42-44

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