Ayer, 7 de octubre, el padre Angelo Esposito, misionero fidei donum de la Diócesis de Nápoles (Italia) en Guatemala, partió a la Casa del Padre.
Fue también corresponsal de spazio + spadoni. Para él, un homenaje cargado de profunda gratitud.
Ya no podremos pedir crónicas, reflexiones ni testimonios al padre Angelo Esposito.
Su pluma ha quedado en silencio.
Sin embargo, a lo largo de su existencia escribió páginas imborrables de entrega: en particular durante sus últimos 25 años de misión en su querida Tacanà, en Guatemala.
Sus palabras fueron siempre bálsamo de consuelo, fe y esperanza. Reflejaban de forma constante la Palabra salvífica, tanto en medio de la precariedad cotidiana como ante la enfermedad sobrevenida.
A sus 53 años, el padre Angelo, sacerdote de la arquidiócesis de Nápoles, no desaprovechó un solo día: siempre disponible para el prójimo y al lado de los más necesitados.
Las múltiples iniciativas desarrolladas con la asociación “Hermana Tierra”, la clínica pediátrica “Los Angelitos” – destinada a la atención de niños desnutridos – y su fecundo apostolado hablaban con elocuencia de su ardor misionero.
Durante el último año, incluso desde el hospital, nos legó una lección imborrable: asumir el dolor para transformarlo en entrega compartida, abandonándose con entera confianza en Dios.
En medio de su proceso de salud, escribió:
«Desde hace más de un año cargo con mi cruz: enfermedad, dolor y sufrimiento forman parte de mi día a día. Hay instantes en que la carga parece abrumadora, pero en la debilidad la fe me conforta y levanta. Miro el sepulcro vacío y el triunfo de Cristo sobre la muerte, y allí hallo la esperanza.
Esta prueba me recuerda que no camino solo: Dios marcha conmigo. Así como Jesús se abandona en el Padre, también yo descanso en Él. Todo gesto, encuentro o muestra de afecto entregada y recibida es signo de ese amor que hace posible lo verdadero».
Y expresó, a modo de testamento:
«La vida eterna comienza aquí y ahora: resucitamos cotidianamente en las decisiones nacidas del amor. Con el amparo de Dios deseo seguir infundiendo esperanza, en especial a quienes atraviesan la enfermedad. Quien escucha el corazón constata que el amor no defrauda.
He recibido incontables dones de los pueblos que acompañé: mi corazón sigue latiendo junto a los hermanos y hermanas de Guatemala, sus familias, jóvenes y niños. Late junto a mi familia, mis amistades y parroquias. Amo y me siento amado.
El tiempo presente es un don sagrado: no ha de malgastarse, sino vivirse con sentido mediante la reconciliación. No permitamos que el rencor o la tristeza apaguen nuestros anhelos. Estamos llamados a ser hijos de la luz y no de las tinieblas».
Por todo ello te damos gracias, querido padre Angelo.
No podremos solicitarte nuevos artículos, pero nos encomendamos a tus oraciones.
Sus exequias tendrán lugar el viernes 9 de octubre a las 11:00 h en el Palazzetto de San Sebastiano al Vesuvio, presididas por el arzobispo de Nápoles, Mons. Domenico Battaglia.
Hoy, spazio + spadoni y cuantos compartieron su caminar queremos honrarlo con la sentida oración que nos regaló en sus últimos días:
“Hay noches en que el corazón goza de paz y otras en las que pesan el cansancio, los interrogantes, el temor y las lágrimas. Quizá la auténtica entereza no consista en fingir que todo marcha bien, sino en abrazar cada sentimiento y ponerlo confiadamente en manos de Dios. Esta noche no te pido, Señor, que apartes las fatigas, sino que me concedas vivirlas a Tu lado. Cuando no comprenda, enséñame a fiarme. Cuando me sienta frágil, recuérdame que no estoy solo. Cuando el sendero sea arduo, otórgame la gracia de perseverar en la esperanza. Porque en la noche más oscura, Tú sigues presente… y Tu amor no decae. Buenas noches a todos. Que Dios custodie nuestros corazones y nos regale una noche de serenidad, confianza y esperanza”.
Foto del padre Angelo Esposito

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