Vestir al desnudo: la Obra de Misericordia contada por el arte

19 de mayo de 2024

Colaborador de Ghirlandaio
La pintura de un colaborador de Ghirlandaio (posiblemente Francesco D’Antonio) representa la obra de misericordia «Vestir al desnudo».

La Obra de Misericordia corporal “vestir al desnudo” vista a través de algunos pintores

Cada ser humano es un alma desnuda y experimenta la necesidad de cubrirse con un manto de respetabilidad, de cualidades valoradas por los demás, para encontrar sentido a su existencia y sentirse alguien concreto (Pirandello).

Esta Obra de Misericordia tiene su fundamento en el gesto de Dios que cubrió la desnudez de los primeros padres tras el pecado original: «El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de piel y los vistió».

Mantente en contacto con spazio + spadoni

Suscríbase al boletín

Acogiendo los límites de la fragilidad humana, de donde surge el desconcierto ante el prójimo, Dios interviene con prontitud y atiende esta dolorosa situación. Fue el amor misericordioso hacia Sus criaturas lo que Le impulsó a remediar aquel trance ignominioso en que se hallaban nuestros primeros antepasados.

En el lienzo de 1626, creado para ser contemplado en las colecciones y pinacotecas más reconocidas, Domenichino (1581-1641), pintor y arquitecto, presenta una panorámica del paraíso terrenal donde la naturaleza virgen exhibe aún la paz armónica entre el león y el cordero.

Las figuras, dotadas de un porte escultórico, se integran en un entorno escénico de extraordinaria finura. En el ángulo izquierdo, Eva señala a la serpiente que repta a sus pies, mientras Adán se disculpa apuntando hacia Eva; en la parte superior derecha, Dios aparece rodeado de ángeles, tal y como el maestro había contemplado en la Capilla Sixtina, expresando su homenaje y admiración por Miguel Ángel.

El rostro de Dios Padre denota compasión y ternura, si bien su ademán transmite las consecuencias de la desobediencia y Le conduce a poner remedio vistiendo a la pareja humana. Los tonos cálidos y la luz procedente de diversos puntos realzan los detalles más expresivos, otorgando al conjunto una atmósfera paradisíaca del pasaje bíblico.

El hecho de vestir a quien se encuentra en la indigencia entraña una atención integral hacia la persona, devolviéndole la dignidad perdida entre las adversidades de la vida.

Del siglo XV data el fresco de Francesco d’Antonio, colaborador de Ghirlandaio, realizado para el Ospizio dei Buonomini de Florencia, en el que se aprecia el reparto de vestimentas a los menesterosos en un recinto de la época.

Lo que cautiva en esta obra de tonalidades suaves es la actitud humilde y respetuosa de todos los personajes que, bajo una luz nítida y envolvente, se disponen a entregar y recibir.

Una pintura que destaca por su sencillez narrativa y manifiesta con hondura que vestir a quien carece de ropa no consiste solo en abrigar su cuerpo, sino en reanimar sus fuerzas y ofrecerle apoyo espiritual y anímico para seguir adelante en la sociedad.

Esta Obra de Misericordia confirió celebridad a un militar del siglo IV convertido en santo: san Martín de Tours, a quien la ciudad de Lucca dedicó su catedral, consagrada en 1070.

A partir del año mil se produjo un auge de templos imponentes embellecidos con programas escultóricos destinados a proclamar el mensaje evangélico para el culto y la oración.

De acuerdo con notables cronistas, Lucca figuró entre las primeras poblaciones de Toscana en abrazar la fe cristiana y promover el tránsito de peregrinos que recorrían la Vía Francígena con destino a Roma.

Las historias de caballería se transmitían de múltiples formas en el medievo, y Martín pertenecía a este ámbito: integraba la guardia imperial romana y custodiaba el orden público.

Durante una ronda en el crudo invierno del año 335, halló a un mendigo desabrigado. Los soldados tenían orden perentoria de regresar a las dependencias con su capa militar intacta, so pena de rigurosos castigos. Conmovido por el sufrimiento del indigente, Martín cortó su capa en dos con la espada. Aquella noche soñó con Jesucristo, quien le manifestó: «Aquí está Martín, el soldado romano no bautizado; él me ha vestido». Al levantarse, halló su manto milagrosamente íntegro. En la fachada de la catedral de Lucca se alza uno de los conjuntos escultóricos más emblemáticos de la Edad Media italiana: san Martín y el pobre, del siglo XIII. La escultura del exterior corresponde a una reproducción del original custodiado en el interior de la seo, atribuido a Guido da Como.

La silueta del santo, de facciones juveniles y montado sobre su corcel, aparece captada en el momento de dividir la vestidura. El necesitado extiende sus brazos desnudos para acoger el socorro, mientras sus piernas flexionadas reflejan una postura de humilde petición.

El conjunto guarda una cuidada armonía: los pliegues del ropaje y de la capa rompen toda rigidez e interactúan con la luz mediante un refinado juego de claroscuros.

Incluso la espada, sostenida de forma horizontal, pierde su sentido violento y roza suavemente el hombro del pobre, simbolizando un vínculo fraterno. La propia cabeza del caballo parece girarse hacia el mendigo, como si comprendiese la nobleza del acto.

La enseñanza que transmite este relato conserva una plena vigencia en nuestro tiempo, dada la gran cantidad de personas refugiadas y desvalidas que carecen de lo elemental para vestirse.

Por ello, los cristianos, en el ejercicio de la caridad con quienes padecen necesidad, han de recordar que su acción es reflejo y testimonio visible de la misericordia divina.

Por otra parte, nuestros hogares disponen de guardarropas colmados de prendas de las que podemos desprendernos sin dificultad.

Conviene realizar siempre este gesto con la reverencia que brota de saber que en el hermano necesitado vestimos al mismo Cristo: «Estaba desnudo, y me vestisteis» (Mt 25, 36).

Imagen de portada: Wikipedia

Compartir este artículo

Las palabras pueden inspirar; compartir puede hacer que lleguen aún más lejos.

Home » Noticias » Vestir al desnudo: la Obra de Misericordia contada por el arte
Colabore con nosotros