Entre ser misioneros y hacer los misioneros hay una gran diferencia.
En el hacer los misioneros, el acento está puesto en la acción, en el actuar, en el construir, en el organizar proyectos, abrir escuelas, etc. Todas cosas loables para un compromiso misionero.
Pero surge una pregunta: ¿estoy en misión para la gente o con la gente?
Hacer misión para la gente o con la gente
Entre el «para» y el «con» noto esta peculiaridad: si hago PARA la gente, entonces yo soy el protagonista, el que piensa el proyecto, el que pone el dinero y realiza todo. Los demás no son sujetos, quedan como espectadores.
En cambio, si comienzo algo CON la gente, la perspectiva cambia: aquí no soy yo el protagonista, sino que juntos nos escuchamos, se debate la propuesta (que puede ser aceptada o, si la gente no está convencida, queda en espera), se analizan las posibilidades, se hace el proyecto juntos.
Por lo tanto, en este caso, es una comunidad que unida busca lograr algo hermoso para todos.
Obviamente, hay que respetar los tiempos de la gente, de las personas.
Entonces, ser misioneros es ponerse a la escucha de los demás, compartir sus tiempos, espacios de encuentro. Es dar testimonio de ser discípulos de Cristo que, en la gratuidad y sencillez, dan testimonio del amor de Dios.
Para todos nosotros en Bangladés, este es un gran reto cotidiano, donde la tendencia se inclina hacia el hacer en vez de hacia el ser.
La tentación del yo y el verdadero modelo de Cristo
Ser misioneros no nos hace sentir en el centro, donde prevalece el yo: yo construí la iglesia, yo construí la escuela, yo construí el hospital, etc.
Recuerdo que durante el año de noviciado un padre vino a compartir con nosotros su experiencia de misión en el Congo. Pero en su intervención aparecían frases de este tipo: YO hice, YO construí, YO levanté el hospital… había un YO que emergía de forma asombrosa. Al concluir su presentación, le hice una pregunta: «Padre, pero ¿usted fue a la misión a ser ingeniero o misionero?».
No les digo las palabras que me dirigió, pero se enfureció de tal manera que salí de la habitación.
Solo quería decir que la misión no soy YO; la misión es Cristo que, con honda humildad, se sentaba a orillas del lago de Galilea, hablaba con la gente y sanaba a los enfermos.
Al hacer prevalecer el propio YO, existe el grave riesgo de crearse un reino propio donde YO soy rey y señor. ¡Ay de quien intente entrar o proponer cambios!
Apostar por el ser nos ayuda a tomar distancia, donde no soy un gestor sino un hermano entre hermanos que desean dar testimonio juntos del nombre de Jesús.
Foto del padre Giovanni Gargano

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