Desde Hong Kong, el misionero padre Simon Wong nos habla de lo que significa ser misioneros.
(del padre Simon Wong)
Ser misioneros significa vivir una vocación específica, tanto como consagrados como laicos, respondiendo a la llamada de Dios a anunciar el Evangelio a los demás. Requiere plena disponibilidad, entrega radical de uno mismo y una presencia activa junto a las personas necesitadas. La vocación misionera es un don del Señor, que elige a ciertas personas para que sean testigos del Reino de los cielos.
Cada congregación o comunidad apostólica tiene su propio carisma, es decir, una misión específica a la que está llamada. En el centro de la vocación misionera, sin embargo, se encuentra la Encarnación, la realidad de Jesucristo que se hace hombre. Ser misioneros significa adoptar un enfoque concreto y cercano a la vida de las personas. Por ello, la vocación misionera está llamada a dar testimonio del amor incondicional del Padre, entregado a nosotros a través del Hijo.
Más allá de las fronteras y en comunión fraterna
Los misioneros imitan la vida de Jesús, caracterizada por la entrega total de sí y la humildad, siguiendo su ejemplo y sus obras hacia los demás. Un rasgo fundamental del misionero es la disponibilidad para dejarlo todo, orientándose explícitamente «hacia el exterior», para llevar la Buena Noticia a quienes aún no la han escuchado. En el sentido tradicional del término, los misioneros están llamados a ir más allá de sus fronteras geográficas y culturales. Siguiendo las huellas de los fundadores, los miembros de las congregaciones se comprometen a dejar su propio país para servir allí donde el Evangelio es menos conocido o vivido.
Los misioneros no actúan como individuos aislados. Al igual que Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, viven en comunidades multiculturales, convirtiendo la diversidad fraterna en un testimonio esencial del Evangelio. Se integran activamente en las comunidades locales a las que sirven: aprenden el idioma, adoptan las costumbres del lugar y comparten las dificultades cotidianas, las esperanzas y los sufrimientos de las personas. Experimentan en primera persona los retos que afrontan las comunidades locales.
El camino de la cruz y el modelo de María
La vida misionera está intrínsecamente ligada al sacrificio, porque Jesús se sacrificó a sí mismo por las personas a las que amaba. Ser misioneros significa contar con la pobreza, las privaciones y los fracasos, acogiéndolos libremente, permaneciendo firmes en la convicción de que la cruz custodia, en última instancia, la semilla de la resurrección y de la vida nueva.
Ser misioneros significa asimismo aprender la disponibilidad mirando a María, Madre de la Iglesia, modelo por excelencia de servicio, fe y oración. Su «sí» incondicional a Dios es fuente diaria de inspiración para el misionero, llamado a consagrarse enteramente a la misión de Cristo.
***Misionero chino de la familia religiosa del Inmaculado Corazón de María en Hong Kong
Foto del padre Simon Wong
China


