En el Evangelio de hoy, 20 de agosto de 2026, Jesús presenta una parábola dirigida a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo.
Jesús compara el Reino de los cielos con un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Este rey envía a sus criados a llamar a los convidados a la boda, pero estos no quisieron acudir. El rey envía entonces a otros criados para invitar a la gente, pero con excusas y justificaciones, el resultado no cambia: nadie quiere participar.
¡Cuántas excusas y justificaciones ponemos a veces para no trabajar por el Reino de Dios y para no tomarnos en serio nuestros compromisos bautismales!
La invitación universal y el rechazo de los invitados
Finalmente, el rey envía a sus criados para ir e invitar a todos, malos y buenos, porque el banquete está preparado. Y así la sala comienza a llenarse de comensales, buenos y malos.
La invitación es siempre iniciativa de Dios: Él quiere que en su Reino nadie se quede atrás, porque la salvación es para todos (y esto fue reiterado por el Papa Francisco en Lisboa en agosto de 2023).
La decisión personal y el vestido de fiesta
Sin embargo, la decisión es personal: los invitados, en realidad, decidieron libre y voluntariamente no participar en este alegre banquete.
Y tú, querido hermano, queridísima hermana, ¿qué decides? ¿Quieres participar en este banquete? ¿Quieres vestir el traje de fiesta, indispensable para participar en este banquete, representado por tu sincera conversión, tus buenas obras y tu experiencia vivida de las Bienaventuranzas?
Imagen creada digitalmente por spazio + spadoni

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