África, Congo | La guerra sin fin y los proyectos de esperanza para los niños

19 de August de 2026

Redacción

Niños en el Congo en guerra
RDC – En fila para recoger agua en Kamanyola, cerca de la parroquia donde se encuentra el pozo

¡Una guerra sin fin! Según los especialistas en conflictos internacionales, una guerra abierta solo puede considerarse terminada cuando se declara formalmente su conclusión. En el Congo, dicha declaración nunca se ha producido. Tras casi tres décadas de enfrentamientos, el conflicto armado se ha convertido en una dramática cotidianidad para la población.

Durante las treguas temporales, los jóvenes regresan a las aulas y se reanudan ciertas actividades económicas y sociales. La vida cotidiana debe seguir adelante a pesar del entorno de inseguridad y violencia.

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El conflicto inició formalmente en 1996 con la ofensiva de liberación encabezada por la AFDL (Alliance des Forces Démocratiques pour la Libération du Congo), bajo el liderazgo de Laurent-Désiré Kabila y con el apoyo de países vecinos como Uganda, Ruanda y Burundi.

En 1998 se desencadenó un nuevo levantamiento contra Laurent-Désiré Kabila: la guerra del RCD (Rassemblement Congolais pour la Démocratie), respaldado por el MLC (Mouvement de Libération du Congo) de Jean-Pierre Bemba. Entre 2006 y 2009 se consolidó la rebelión del CNDP, liderada por Laurent Nkunda. En 2012 hizo su aparición el movimiento M23 (Mouvement du 23 mars).

Junto a los principales grupos rebeldes — AFDL, RCD, CNDP, M23, ADF y CODECO —, operan múltiples facciones armadas, principalmente en la zona oriental del país. El control institucional estatal continúa siendo débil en amplias áreas. Para los ciudadanos, esto se traduce en una constante zozobra respecto a la seguridad de sus familias.

Una población empobrecida por la guerra

Junto a la capacidad de resistencia, en la población se ha asentado un sentimiento de resignación. A muchas personas les cuesta concebir un retorno a la estabilidad y simplemente se esfuerzan por garantizar el sustento del hogar.

La pobreza imperaba con fuerza antes del recrudecimiento de la violencia. Los salarios resultaban precarios: un maestro de escuela percibía cerca de 100 dólares mensuales, en claro contraste con los ingresos de los cargos políticos. Esta brecha económica acentúa la sensación de abandono e injusticia entre los ciudadanos.

El desempleo es elevado y escasean las oportunidades laborales. En medio de estas circunstancias, numerosas mujeres toman la iniciativa impulsando pequeños comercios o actividades de subsistencia para mantener a sus hijos.

Con el fin de apoyar su labor, promovimos la creación de colectivos denominados AVEC (Association Villageoise d’Épargne et de Crédit), mediante los cuales acceden a pequeños microcréditos según los fondos disponibles. Algunas se dedican al comercio minorista, otras a la agricultura y otras a la cría de animales de granja como conejos, aves y cerdos. Son labores sencillas que brindan a muchas familias una vía real de subsistencia e independencia económica.

La misión en una tierra de conflicto

La labor misionera y pastoral se ha vuelto sumamente peligrosa en diversas áreas del Congo, en particular en el este del país, donde el territorio se disputa entre el ejército y grupos armados.

Mi experiencia personal da fe de esta realidad. Ejerzo como docente en el Seminario Mayor Interdiocesano de Teología San Pío X de Murhesa, en la Arquidiócesis de Bukavu, territorio bajo influencia del movimiento M23. Mi diócesis de Uvira se encuentra dividida entre zonas ocupadas por la insurgencia y áreas bajo control gubernamental. Desplazarse de un punto a otro resulta complejo y peligroso. El seminario se ubica en un entorno delicado, rodeado por grupos enfrentados como el M23 y los Wazalendo. No siempre resulta posible manifestar abiertamente posturas sobre la coyuntura política o militar. Debemos ofrecer serenidad y entereza a los jóvenes seminaristas que se forman en medio del temor y el estruendo de las explosiones.

Los niños, las primeras víctimas

En este contexto, los menores representan las víctimas más vulnerables de la guerra. Los enfrentamientos interrumpen sus estudios, desestructuran los hogares, profundizan la precariedad e imponen una madurez precipitada.

Asistir a la escuela debería ser un derecho fundamental. En los entornos de conflicto, la asistencia escolar está sujeta a los combates y a los movimientos de tropas. La pobreza acentúa la marginación: huérfanos, madres jóvenes y menores en extrema vulnerabilidad corren el riesgo de quedar excluidos de la formación académica. Por ellos hemos decidido enfocar nuestros principales proyectos de ayuda.

Nuestros proyectos

A través de la asociación italiana Mapendo Uvira ODV, de la cual formo parte como socio fundador, y en alianza con la Association Chaîne de Membre con sede en Uvira, impulsamos diversas iniciativas en favor de la infancia y las familias vulnerables:

  • Apadrinamiento escolar: Ofrecemos apoyo para la escolarización de menores en situaciones de extrema dificultad: huérfanos, madres jóvenes y niños de familias de escasos recursos. Con 120 euros al año aseguramos los materiales básicos: cuadernos, uniformes y cuotas escolares. Incluso una aportación modesta permite que un menor continúe educándose.
  • Proyecto Excellentia: Varios de nuestros alumnos concluyen la educación secundaria con calificaciones sobresalientes. No los dejamos solos cuando están listos para construir su porvenir. Mediante el proyecto Excellentia acompañamos a estudiantes destacados en su formación universitaria. Con unos 550 euros al año es posible costear los estudios superiores de un joven y brindarle la oportunidad de desarrollarse profesionalmente.
  • Rehabilitación de escuelas: Los alumnos asisten tanto a centros públicos como privados. Muchas de estas escuelas carecen de pupitres, pisos adecuados, servicios sanitarios y herramientas pedagógicas elementales. Hemos restaurado íntegramente la escuela de Nyamianda y equipado todas las aulas con mobiliario escolar. Invertir en educación es asegurar el futuro de los niños y de la sociedad.
  • Taller de costura: Proyecto orientado a madres jóvenes. Organizamos talleres de formación profesional en confección y facilitamos máquinas de coser. El propósito es capacitarlas para que consigan autonomía económica y mantengan a sus familias. Con una donación de 170 euros se entrega una máquina de coser completa con sus accesorios.
  • Proyecto «Adopta a un seminarista»: Como Vicario Episcopal encargado de la formación vocacional sacerdotal, he conocido de cerca las dificultades que afrontan los seminaristas. Los gastos de traslado y la atención médica especializada recaen sobre familias fuertemente golpeadas por la guerra y la precariedad económica. Con el proyecto «Adopta a un seminarista» y una contribución de 200 euros se cubren los costes esenciales de un candidato al sacerdocio.

No dejar que la guerra decida el futuro de los niños

El conflicto en la República Democrática del Congo no es únicamente una contienda armada. Se refleja en los rostros de los niños apartados de las aulas, en los hogares desplazados, en las madres que luchan por alimentar a sus familias y en los jóvenes cuyas aspiraciones se desvanecen.

Por ello, sostenemos con convicción que la educación, la formación técnica, la universidad y la ayuda comunitaria son herramientas directas para la construcción de la paz.

La guerra puede demoler edificios y obligar a huir, pero no debe arrebatar el futuro de una generación.

Seguimos trabajando activamente junto a los niños, jóvenes y familias del Congo.

D. Tacite MULONDA ITULAMYA
E-mail: mulondaitulamya@yahoo.fr
Móvil: +393512425438

Foto del padre Tacite Mulonda Itulamya

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