Cuando el Papa Francisco lanzó en Kinshasa aquel llamamiento que se convirtió en histórico: «¡Quiten las manos de África, quiten las manos de la República Democrática del Congo!», un pueblo entero lloró de esperanza. Era enero de 2023.
Tres años después, el este de nuestro país continúa sangrando. ¿Por qué?
Porque durante mucho tiempo hemos pensado en la paz como una cuestión militar. Se envían cascos azules, se firman acuerdos en Luanda, Nairobi, Washington y Doha, se cuentan las armas depuestas. Pero la paz no regresa.
Como investigadores, aprendemos a leer la situación desde otra perspectiva: es necesario estar cerca de la población, garantizando su supervivencia mediante una política económica adecuada a las realidades locales, una paz duradera y un futuro mejor.
Hoy, ¿quién mantiene la paz en los pueblos donde otros no logran llegar? La Iglesia católica. Sus parroquias, sus religiosas, sus sacerdotes. Está presente porque es sobria y arraigada en el territorio.
Es esto lo que Europa nos enseña a través de fundaciones como spazio + spadoni: la verdadera cooperación entre la RDC y Occidente no debe ser únicamente minera y económica. Debe ser también una cooperación de pensamiento sobre la paz.
La paz llegará cuando cada intervención se parezca más a una misión que a una administración.

República Democrática del Congo


