África, Mozambique | Un Foro para relanzar las obras de misericordia

1 de noviembre de 2026

Redacción

Un obispo y un sacerdote en el Foro de Lichinga.
Monseñor Atanásio Amisse Canira, obispo de la diócesis de Lichinga, junto al vicario, padre Rafael Baciano Sapato.

Promovido por spazio + spadoni, el Foro diocesano que tuvo lugar en Cuamba los días 21 y 22 de octubre representó un momento importante de reflexión y relanzamiento pastoral para la diócesis de Lichinga. En el centro, la necesidad de transformar la misericordia en un estilo de vida y en un compromiso concreto para toda la comunidad eclesial.

Acaba de terminar, pero su alcance está destinado a ir más allá de estos dos días de trabajo. El Foro Diocesano sobre las Obras de Misericordia, promovido por spazio + spadoni y que se celebró el 21 y 22 de octubre de 2026 en Cuamba, en la diócesis de Lichinga, en Mozambique, representó un encuentro importante para la Iglesia local y una oportunidad significativa para renovar la conciencia de su propia misión evangelizadora.

No un simple encuentro de formación, sino una invitación a repensar la manera de ser Iglesia, poniendo en el centro la relación indisoluble entre el anuncio del Evangelio y la misericordia. La referencia elegida fue la de las palabras de Jesús: «Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36).

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La reflexión partió de la realidad concreta del territorio diocesano, marcado por la pobreza, el desempleo, el hambre, las enfermedades, el abandono, los desplazamientos de poblaciones y la violencia. Situaciones que afectan a niños vulnerables, personas mayores solas y familias heridas y que interpelan directamente a las comunidades cristianas.

La pregunta planteada a los participantes fue particularmente significativa: ¿cuántas personas encuentran en la Iglesia el rostro misericordioso de Cristo?

Las siete obras de misericordia corporales y las siete espirituales fueron releídas no como una lista de prácticas a conocer, sino como una responsabilidad a vivir. Dar de comer a quien tiene hambre, visitar a los enfermos, acoger a los que están solos, acompañar a quien atraviesa momentos difíciles, perdonar y rezar: son gestos en los que la fe se convierte en un testimonio concreto. Como recuerda el Evangelio de Mateo, «cada vez que lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40).

Uno de los puntos centrales del Foro giró en torno a la responsabilidad de las diferentes vocaciones en la misión. Se pidió a los sacerdotes que verificaran si su pastoral era capaz de ir más allá de la celebración de los sacramentos, convirtiéndose en presencia, escucha y acompañamiento de las personas.

Se recordó a los religiosos y a las religiosas que la misericordia debe ser visible, ante todo, en la vida de sus propias comunidades y en el testimonio de la consagración. A los laicos se les confió la tarea de llevar el Evangelio a los ambientes cotidianos: familia, escuela, trabajo, barrio e instituciones.

Pero el Foro propuso también una etapa más personal: un examen de conciencia sobre las obras de misericordia conocidas y sobre aquellas, en cambio, desatendidas.

¿Qué gesto de cercanía fue pospuesto? ¿Qué persona necesitada no fue escuchada? ¿Qué enfermo no fue visitado?

Una reflexión que invitó a cada uno a reconocer sus propias responsabilidades, sin limitarse a señalar las fallas de los demás.

La parábola del buen Samaritano ofreció la imagen más eficaz de este camino: ante una persona herida, se puede seguir el propio camino o bien detenerse y cuidar de ella. La diferencia reside en la compasión, en la capacidad de dejarse tocar por el sufrimiento ajeno y de responderle.

La conclusión del Foro no marcó el fin de un camino, sino el inicio de una responsabilidad renovada. Entre los resultados esperados, una mayor colaboración entre sacerdotes, consagrados y laicos, una pastoral más cercana a las personas e iniciativas concretas para visitar a los enfermos, acompañar a los ancianos, apoyar a las familias vulnerables y escuchar a los jóvenes.

Es en estos gestos donde podrán madurar los frutos del encuentro, con repercusiones positivas en la vida de las comunidades y en la acción pastoral de la diócesis de Lichinga.

La contribución de spazio + spadoni ofreció una oportunidad para relanzar una toma de conciencia fundamental: la misión de la Iglesia no termina cuando acaba la Misa. Es después de la Eucaristía cuando comienza una parte esencial del testimonio cristiano, cuando se sale para encontrar a Cristo en las calles y en las personas.

Porque no basta con anunciar la misericordia: es preciso convertirse en misericordia. Con manos que sirven, pies que caminan, ojos que ven y un corazón que se deja involucrar. Es esta la Iglesia que Lichinga necesita y a la que el Foro invitó a caminar.

Fotos de la diócesis de Lichinga

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