Las Obras de Misericordia a través de los ojos de un biblista
Con la ayuda del biblista Carlo Miglietta nos preparamos para las jornadas de encuentro que darán comienzo el lunes 17 de julio de 2023. Mañana comenzarán a llegar los primeros amigos de África, exactamente de la República Democrática del Congo, de Burundi y de Burkina Faso.
La primera Obra de Misericordia espiritual es «dar buen consejo al que lo necesita».
El biblista nos hace notar que quien realiza esta obra se asemeja a:
- Dios: «Bendigo al Señor que me aconseja; aun de noche mi corazón me instruye» (Sal 16,7); «Te haré sabio, te indicaré el camino a seguir; con los ojos fijos en ti, te daré consejo» (Sal 32,8); «Me guiarás con tu consejo y después me acogerás en tu gloria» (Sal 73,24); «Míos son el consejo y el acierto, mía es la inteligencia, mío el poder» (Prov 8,14); «Tu palabra es verdad» (Jn 17,17); «Te aconsejo que me compres oro purificado en el fuego para que te enriquezcas» (Ap 3,18).
- Jesús: «Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza» (Is 11,2); «La multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios» (Lc 5,1); «El que escucha mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna» (Jn 5,24; 8,51); «Ustedes ya están limpios por la palabra que les he anunciado» (Jn 15,3).
- Job: «Me escuchaban en confiada espera y guardaban silencio ante mi consejo» (Job 29,21).
El biblista nos recuerda además que quien aconseja a los que dudan escucha la Palabra de Dios.
A continuación, algunos pasajes:
- «El justo se llenará de espíritu de inteligencia; derramará como lluvia palabras de sabiduría… Él orientará su consejo y su ciencia, meditará en los misterios de Dios. Hará brillar la enseñanza de su doctrina… Muchos alabarán su inteligencia… Los pueblos proclamarán su sabiduría» (Sir 39,6-10).
- «¡Qué bien sienta la sabiduría a los ancianos, el discernimiento y el consejo a los hombres respetados!» (Sir 25,5).
- «La ciencia del sabio crece como una crecida; su consejo es como manantial de vida» (Sir 21,13).
- «Pide consejo a cualquier persona sabia y no desprecies ningún buen parecer» (Tob 4,18).
- «Escucha el consejo y acepta la instrucción, para ser sabio en el futuro» (Prov 19,20; 3,21).
- «El sabio escucha el consejo» (Prov 12,15).
- «La sabiduría se encuentra entre quienes aceptan el consejo» (Prov 13,10).
- «Trata con frecuencia a un hombre piadoso, a quien reconozcas fiel a los mandamientos y cuya alma sea afín a la tuya; si tropiezas, sabrá compadecerse de ti» (Sir 37,12).
El biblista concluye esta obra con una provocación, un interrogante: ¿sabemos ser «pescadores de hombres» (Mc 1,17), descubriendo a quien aconseja a los que dudan y anunciándole la bienaventuranza de la Misericordia que proclama «Bienaventurados los misericordiosos» (Mt 5,7)?
La atención al cuidado del alma
Las Obras de Misericordia espirituales se han concebido desde siempre como una pauta formativa que todo cristiano debería poner en práctica. Si bien es cierto que el ser humano está compuesto de cuerpo y alma, las necesidades del cuerpo transitan en paralelo a las del alma, y tal vez estas últimas demanden una mayor entrega, ya que el alma trasciende la dimensión material.
Don Fabio Rosini, en su libro «Solo el amor crea», aborda este punto con lucidez: «Lo que más hace sufrir no es el cuerpo, sino el corazón. No es el dolor, sino el sinsentido. No es la muerte, sino la soledad. Las Obras de Misericordia espirituales se ocupan del corazón, del sinsentido, de la soledad».
Haber considerado durante décadas que las únicas urgencias urgentes consistían en la cobertura material ha conducido a sociedades secularizadas y desprovistas de consuelo interior.
El consejo, don del Espíritu Santo
Entre los siete dones del Espíritu Santo destaca el consejo, una gracia que todos necesitamos a lo largo de nuestra vida. Desde temprana edad, un niño plantea de continuo la pregunta «¿por qué?», y los educadores y padres tienen el encargo pedagógico de dar una respuesta comprensiva.
Al crecer, no siempre conseguimos resolver nuestras incertidumbres en soledad; precisamos de acompañamiento.
Quien se dispone a brindar orientación debe recurrir en primer término a la oración, buscando serenidad para decir lo adecuado en el instante oportuno y de forma constructiva.
El don de consejo debe acompañarse siempre de la prudencia, garantizando que quien duda halle alivio en vez de sentirse examinado o juzgado.
Inspirados en la humildad, la paciencia, la ternura y la comprensión, debemos ofrecer un espacio acogedor que permita al prójimo abrirnos su intimidad, conscientes de que el verdadero Consejero es el Espíritu Santo.
Foto de Aliaksei Lepik su Unsplash
Fuente: Carlo Miglietta – Las Obras de Misericordia

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