Una breve meditación de Mons. Paolo Giulietti, arzobispo de Lucca, sobre la séptima obra de misericordia espiritual, para vivirla concretamente en la vida cotidiana.
“Le opere del cuore” es un folleto escrito por Mons. Paolo Giulietti con motivo del Jubileo extraordinario de la misericordia convocado en 2015, cuando aún era obispo auxiliar de Perugia y Città della Pieve.
Han transcurrido 10 años, pero las reflexiones del actual arzobispo de Lucca sobre las obras de misericordia continúan vigentes.
El propósito es releer estas breves meditaciones sobre las catorce obras para actualizarlas en el día a día: aquello que spazio + spadoni denomina “ReEvolución de las obras de misericordia”.
Rezar a Dios por los vivos y por los muertos
Interceder significa “dar un paso entre”, situarse en medio entre dos partes.
En la oración de intercesión se presenta a Dios con amor a otra persona, expresando fraternidad, y se acoge con fe la voluntad de Dios, manifestando filiación. No tenemos que convencer a Dios, porque él «sabe lo que necesitamos»; se trata más bien de acoger al prójimo y sus necesidades iluminados por la voluntad divina.
La oración por los vivos y por los muertos expresa, por tanto, solidaridad y compasión hacia los hermanos. Dios le concede un valor inmenso: es a través de los demás como ordinariamente nos llega su gracia, a partir de la relación primordial con Jesús, nuestro “abogado” ante el Padre. Es la realidad de la “comunión de los santos”: necesitamos el amor de los hermanos, tanto en los asuntos de este mundo como en los del Espíritu.
La oración de intercesión es una obra complementaria a todas las demás, pues la misericordia, para el creyente, es acción y oración. De ella brotan la motivación y la fuerza para hacerse cargo de los hermanos; a través de ella se comparte el sufrimiento ajeno, haciendo al orante partícipe de la misma mirada de Dios, “clemente y misericordioso”.
Imagen creada digitalmente por spazio + spadoni
Fuente: Giulietti, P., Le opere del cuore

Italia




