Las Obras de Misericordia con los ojos de un biblista
Estamos muy entusiasmados con la idea de que dentro de pocos días finalmente podremos encontrarnos en persona. Algunos de los amigos que llegarán a Lucca para reflexionar juntos sobre las Obras de Misericordia proceden de países lejanos como Benín, Burkina Faso, Kenia, Burundi e India.
Juntos intentaremos construir herramientas útiles para el conocimiento y la difusión de las Obras de Misericordia.
A este propósito, con la ayuda del amigo y biblista Carlo Miglietta, intentamos prepararnos lo mejor posible mediante la profundización diaria de una obra específica.
La quinta Obra de Misericordia corporal es “visitar a los enfermos”.
El biblista nos hace notar que quien realiza esta obra es semejante a:
- Dios: “Yo buscaré la perdida…; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la enferma; mas a la engordada y a la fuerte destruiré” (Ez 34,16); “Yo soy el Señor, tu sanador” (Éx 15,26); “Él es quien sana todas tus dolencias” (Sal 103,3); “Fue enviado Rafael (ndr: etimológicamente: Dios cura) a sanar a ambos: a quitar las manchas blancas de los ojos de Tobit, para que con los ojos viese la luz de Dios; y a dar a Sara por esposa a Tobías, hijo de Tobit, y librarla del malvado demonio Asmodeo” (Tb 3,17).
- Jesús: “Y le trajeron todos los que tenían males, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó” (Mt 4,24); “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos” (Mt 8,16; 14,14.35; 15,30).
- Pedro: “Sacaban los enfermos a las plazas, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritos inmundos; y todos eran sanados” (Hch 5,15-16).
- El buen samaritano, que cuidó del herido y, al no poder seguir atendiéndolo directamente, lo encomendó a los cuidados del posadero, pagando de su propio bolsillo (Lc 10,30-37).
- Pablo: “Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disenteria; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó” (Hch 28,8).
El biblista también nos recuerda que quien acoge a los forasteros escucha la Palabra de Dios.
A continuación algunos extractos:
- “No tardes en visitar al enfermo, porque por ello serás amado” (Sir 7,35).
- “Sobre los enfermos impondrán sus manos, y sanarán” (Mc 16,18).
- “Sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: «El Reino de Dios se ha acercado a vosotros»” (Lc 10,9).
- “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios” (Mt 10,8).
- “Luego los dones de sanidades, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1 Cor 12,28).
El biblista nos deja al concluir esta obra con una provocación, una interrogante: ¿sabemos ser “pescadores de hombres” (Mc 1,17), identificando a quienes cuidan de los enfermos y anunciándoles la bienaventuranza de la Misericordia que dice “Bienaventurados los misericordiosos” (Mt 5,7)?
El sentimiento de la compasión
Esta Obra de Misericordia nos pone inevitablemente en relación con quien vive la experiencia del sufrimiento, es decir, la “dimensión en la que brilla la vida del enfermo”, como nos recuerda el Papa Francisco. Puede ocurrir que quien vive el momento de la prueba y del dolor se sienta desorientado, invadido por una sensación de soledad. Por ello, nuestro tiempo puede convertirse en el recurso y, al mismo tiempo, en expresión de generosità, cercanía y compasión.
Compasión, una palabra latina que significa “padecer con”, es ese sentimiento por el cual percibimos el sufrimiento ajeno y deseamos aliviarlo, entrando en relación mediante una sintonía profunda e íntima con el otro.
Es reciprocidad en la entrega, porque si por una parte ofrecemos nuestra escucha atenta y paciente, por la otra el enfermo nos ayuda a entrar en contacto con la enfermedad y el sufrimiento, dimensiones propias de todo ser humano, brindándonos importantes lecciones de vida y ayudando a crecer nuestra fe y nuestra humanidad.
Foto de Olivier Piquer su Unsplash
Fuente: Carlo Miglietta – Las Obras de Misericordia

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