XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

31 de August de 2026

matteo

Cuidar de los hermanos

Lecturas: Ez 33,7-9; Rm 13,8-10; Mt 18,15-20

El mundo moderno vive generalmente bajo el signo del egoísmo, del aislamiento, del desinteresarse de los demás. “Piensa en ti mismo”, “Ocúpate de tus asuntos”, “No te metas en las cosas de los demás”, “Homo homini lupus”, “Mors tua, vita mea”, “Poca brigada, vida bienaventurada”, “Muerto yo, muertos todos”…: son las “máximas” corrientes de la moral contemporánea. La lógica de Dios es completamente diferente: nuestro Dios es el Dios de la relación, es el Dios de la “justicia” (en hebreo “sedaqah” y en griego “dikaiosyne”), que en la Biblia no significa otra cosa que su voluntad de ser comunicación, comunión, solidaridad.

Dios crea al hombre para que también él sea relación, con todo lo creado y sobre todo con sus semejantes. Desde el Génesis se recuerda la recíproca hermandad de los hombres: en el relato de Caín y Abel (Gén 4,1-16) la palabra clave “hermano” (“‘ah”) se repite nada menos que siete veces. Y se subraya que cada uno es guardián de su hermano: cada uno es responsable ante Dios de los problemas, de los sufrimientos, de las tragedias de los demás. Porque “la voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde el suelo” (Gén 4,10), dice el Señor: a él tendremos que responder de todos los muertos de hambre, de soledad, de enfermedades curables, de pobreza, de violencia por conflictos sociales, raciales, económicos, políticos, religiosos: ¡cada hombre es mi hermano! Caín es arrojado a una tierra desértica (Gén 4,12.14), sin embargo también él es un hermano, y por tanto llevará una señal que lo protegerá de la venganza (Gén 4,15).

Mantente en contacto con spazio + spadoni

Suscríbase al boletín

La conciencia de ser un pueblo de hermanos regula en Israel las relaciones sociales: el Deuteronomio retoma todas las disposiciones del Éxodo reinterpretándolas en clave de hermandad (Dt 15,1-15). El Levítico afirma: “No odiarás a tu hermano…, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19,17-18). El “hermano” no es solo el miembro de la misma familia, del mismo clan o del mismo pueblo, sino también el extranjero (Lev 19,34).

Ezequiel nos recuerda, en la primera Lectura (Ez 33,7-9), que cada creyente es responsable ante Dios de la suerte de los hermanos, y para ellos es constituido centinela (“sopeh”), para anunciarles la Palabra del Señor. Y Pablo afirma que toda nuestra fe se debe traducir en entrar en la lógica del Dios de la relación: “el pleno cumplimiento de toda la Ley es el amor” (segunda Lectura: Rm 13,10).

El Evangelio (Mt 18,15-20) nos invita a todo esfuerzo para recomponer relaciones profundas con los hermanos, haciéndonos ministros de verdadera reconciliación y de perdón. Frente al mundano: “¡Y a mí qué me importa!”, el Evangelio nos llama a lo que será el lema de Don Milani: “I care”, “Me hago cargo”, “Me interesa”.

La fuente de ese milagro que es la transformación de nuestros desiertos de soledad y egoísmo en los prados frondosos de la relación y de la caridad es Cristo mismo, siempre presente allí donde dos o tres están reunidos en su nombre (Mt 18,20). Y cada Eucaristía, encuentro especialísimo con él, debe impulsarnos a crear lazos de fraternidad profunda a nivel no solo personal sino también comunitario y social. “La Eucaristía es una reconciliación con Dios que se realiza mediante una reconciliación entre nosotros y con las cosas. El pan y el vino son el «símbolo de los bienes de la tierra y del trabajo del hombre»: el símbolo del petróleo, del carbón, del cobre, del oro, de los plátanos, del azúcar, del café, de las manufacturas, de la maquinaria, de todos esos bienes es decir que son la causa primera de nuestras separaciones, de la desigualdad profunda entre pueblos, entre naciones y naciones, entre hombre y hombre, los símbolos de la no-fraternidad, de la exclusión. El gran tema que todas las generaciones se encuentran asignado como tarea esencial a llevar a cabo…, es precisamente el tema eucarístico: el tema de la igualdad entre todos los hombres, de la relación y de la reconciliación” (A. Paoli).

Compartir este artículo

Las palabras pueden inspirar; compartir puede hacer que lleguen aún más lejos.

Home » Noticias » XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Opera M Colabore con nosotros