Con los ojos del arte: Perdonar las ofensas

8 de septiembre de 2024

«El regreso» de Tissot
«El hijo pródigo en la vida moderna: El regreso» (1880), del pintor James Tissot

La obra de misericordia espiritual «perdonar las ofensas» vista por algunos pintores.

¿Cómo se pueden perdonar las ofensas? ¿Quién puede responder a esta pregunta? ¿Puede la Misericordia, desde el dolor, alcanzar el perdón? Hay quienes han respondido no con palabras, sino con un ejemplo práctico e imborrable.

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Algunos artistas también han sintetizado el sufrimiento padecido y el perdón en imágenes que siguen siendo no solo obras maestras del arte, sino sobre todo motivo de reflexión y enseñanza.

El «Cristo a la columna» de Bramante (1444-1514) debe ser contemplado al menos durante unos minutos para obtener una respuesta parcial a la pregunta inicial. El autor, nacido en el seno de una familia humilde cerca de Urbino, se formó en el entorno de los Montefeltro y pronto fue llamado a Milán, donde dejó obras arquitectónicas de gran trascendencia. Aunque no goza de la fama de gran pintor, este cuadro de 1490 conservado en la Pinacoteca de Brera es su única pintura sobre tabla de atribución segura, dotada de una belleza que cautiva. Como es bien sabido, toda la vida de Cristo estuvo consagrada al perdón de los pecados.

Bramante

La iconografía de la época, antes de la crucifixión, representaba a Jesús atado mientras los sayones se ensañaban con Él en el lugar donde fue interrogado y martirizado. Bramante, por el contrario, prescinde de los personajes secundarios y nos muestra únicamente a Jesús de medio cuerpo, con un rostro de singular belleza y espiritualidad. La minuciosa atención al detalle resalta unos ojos claros de los que brota una lágrima cristalina, reflejo de una compasión orientada hacia sus verdugos más que hacia su propio destino. Deja en penumbra el ojo izquierdo amoratado, al tiempo que esboza los labios entreabiertos del Maestro dirigiéndose a quien le golpea, en un diálogo que invita sin duda a la conversión y al perdón.

La iluminación frontal suscita reflejos irisados, desde el rubio luminoso y azulado hasta los matices cobrizos de los cabellos y la barba, poniendo de relieve la armonía física de ese cuerpo atado con recias cuerdas a un fuste renacentista. A través del ventanal abierto tras la cabeza del Salvador se divisa un paisaje que irradia la quietud de la creación, mientras que en el alféizar descansa un copón dorado que evoca la Eucaristía.

William Bouguereau

No resulta sencillo articular dolor y perdón misericordioso en una composición plástica; William Bouguereau (1825-1905) lo consiguió con la «Piedad» de 1825 (propiedad durante mucho tiempo de Mel Gibson). De raíces inglesas y confesión católica, realizó creaciones de altísima calidad distinguidas por un dominio técnico heredero del estudio anatómico y del realismo decimonónico. En este lienzo, la Virgen sostiene con ternura el cuerpo inerte de Jesús tras el descendimiento de la cruz.

El dorado de las aureolas ornamentadas con lacería neoclásica contrasta con el manto oscuro carente de claroscuros, intensificando el dolor de la Virgen. Sus amplios ojos empañados por las lágrimas permanecen ensombrecidos; sus labios contenidos por la entereza del perdón no profieren lamento alguno. Su llanto comedido parece interrogar el origen de tanta crueldad, mientras estrecha junto a su pecho compasivo a su Hijo, cuya cabeza descansa inerme sobre el hombro materno.

James Tissot

Más cercana a nuestros días se sitúa la recreación plástica del hijo pródigo debida a Tissot. Destacado inicialmente por plasmar la vida mundana de la sociedad parisina decimonónica, tras una honda experiencia espiritual se trasladó a Palestina para dedicar diez años al examen del Nuevo Testamento. Nacido en Nantes en 1836, James Tissot compuso centenares de láminas y dibujos sobre los pasajes de la vida de Jesús.

«El Regreso» plantea a los hombres de cualquier época la posibilidad de reconocerse, en medio de sus extravíos, en la figura del hijo pródigo. La tela reproduce el abrazo paterno filial en un muelle semejante al de su Nantes natal, con una piara de cerdos a punto de embarcar, mientras en la borda derecha el hermano mayor contempla el reencuentro impasible, en evidente concordancia con la parábola.

Valiéndose del contraste de luces y sombras, Tissot plasma la pesadumbre albergada en el corazón de ambos: el hijo que dobla las rodillas conmovido al divisar a su padre, y el anciano que deja caer el sombrero para inclinarse y rodearlo con sus brazos.

El rostro del joven queda prácticamente oculto en el pecho paterno mientras sus manos buscan asidero en el padre, quien acaricia la cabeza de su hijo restituyéndole, mediante el perdón, la dignidad extraviada. Toda la escena conmueve a quien la observa, haciéndole partícipe del afecto compartido.

La delicadeza de este testimonio plasmado por James, unida a los insignes modelos de Jesús, María y los santos, nos infunde el vigor necesario para poner en práctica esta Obra de Misericordia.

Foto di Wikipedia

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