La belleza de las pequeñas cosas hechas con amor cada día

16 de August de 2026

Tiempo para las pequeñas cosas
Darse tiempo para las pequeñas cosas, para los gestos sencillos, es un acto de amor hacia uno mismo y hacia los demás.

El valor de los gestos diarios en el seminario de Cuglieri

Recuerdo con nostalgia que nuestro director espiritual en la época del seminario de Cuglieri nos recordaba continuamente y con amor:

«Queridos seminaristas, tengan cuidado de hacer bien las pequeñas cosas de cada día; un día, cuando sean sacerdotes, al recordar este tiempo de formación entenderán lo importante que fue para su formación».

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Tal vez, gracias a esas semillas de sabiduría del tiempo del seminario, el encanto por las pequeñas cosas ha permanecido siempre en mi corazón, precisamente por esa belleza pura, sin pretensiones, que resplandece con una luz inmensa y concreta.

Sí, es verdaderamente un amor real y profundo esa mirada de conjunto que abraza los pequeños momentos de cada día, hechos de atenciones, de detalles, de pequeñas filigranas que poco a poco envuelven dulcemente todo el día de ternura.

La luz de la lámpara y la gracia en los detalles

Por ejemplo, una pequeña cosa (2 o 3 minutos) que da comienzo a mi día hacia las 5 de la mañana es organizar un poco el orden del escritorio… Qué paz tener todo en su sitio delante de mí, un pequeño orden que encierra grandes pensamientos y oraciones; mi día se abre así con una sonrisa hacia los muchos rostros y hacia las muchas personas que de alguna manera, en las redes sociales o sobre todo personalmente, estarán presentes.

Antes de ayer faltó la luz y encendí una hermosa lámpara de cera líquida. Pensé: ¿por qué brilla? Y en mi corazón sentí las pequeñas luces de miles de gotitas que mueren y que por eso iluminan, exactamente como las pequeñas acciones de hoy, cada una una gotita de amor: un poco de orden en el escritorio, un pensamiento dedicado a los demás, una palabra amable, a veces un silencio lleno de amor, una mirada, un saludo, etc.

Es verdaderamente una gran gracia tener esta sensibilidad y esta concreción por las pequeñas cosas, que luego se vuelven grandes, enormes, porque el amor las agiganta con la grandeza del cielo.

Encontrar a Jesús Eucaristía en Osidda en la simplicidad

Ese pequeño huerto que regué, la cama que dejé ordenada con cuidado y dándole las gracias, esa llamada telefónica a la que respondí con calma y sonriente, esas visitas al Santísimo en la iglesita silenciosa de Osidda, verdadero abrazo con Jesús Eucaristía, ese café ofrecido a quien pasa delante de casa dando un paseo y casi esperando la invitación, y así sucesivamente: ¡sí! Una larga filigrana de actos de amor que van iluminando de felicidad nuestra alma y nuestro corazón.

¡Qué interesante es la vida! Cuanto más pasan los años, más nos damos cuenta de la importancia y la grandeza de los pequeños actos que llenan nuestra jornada.

Santificar la vida a través de las pequeñas cosas

Y esto no ocurre solo a nosotros los ancianos debido a las exigencias del cuerpo que va cambiando, sino que ocurre a todos, que así pueden adquirir esa delicadeza humano-divina gracias a los muchos actos a los que se da poca importancia por darse por sentados, actos que nos iluminan de gratitud y contemplación.

¡Ánimo entonces: si los vivimos así santificamos todo, todo, todo!

Y esculpamos en nuestro corazón para siempre con letras de amor las palabras: «Nada es pequeño si se hace por amor».

Imagen creada digitalmente por spazio + spadoni

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Las palabras pueden inspirar; compartir puede hacer que lleguen aún más lejos.

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