- El Salmo 66 se adapta bien a la liturgia de hoy, que en el Evangelio nos presenta a la cananea que, aun no siendo miembro del pueblo elegido, obtiene la curación de su hija por su Fe. Como el pasaje evangélico proclama la universalidad de la salvación, así el Salmo 66, escrito probablemente en el período posterior al exilio, tiene un carácter universal. Se compone de tres breves estrofas, entre las cuales aparece una especie de estribillo, que afirma: “Te alaben los pueblos, oh Dios; te alaben los pueblos todos”.
- ¡Qué hermoso sería si de verdad todas las naciones se unieran para alabar al único Dios! El Concilio Ecuménico Vaticano Segundo afirma que “la iglesia ora junta y trabaja para que la masa entera de los hombres se convierta en pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo, y en Cristo, centro de todas las cosas, se dé todo honor y gloria al Creador y Padre del universo” (Lumen gentium, n. 17).
- El Salmo 66 es por tanto la oración cristiana para la propagación de la fe. El afán misionero de este Salmo da a nuestra oración dimensiones universales: “A cada discípulo de Cristo incumbe el deber de difundir, cuando le sea posible, la fe” (Lumen gentium, n. 17). Rezando con el Salmo 66 obedecemos de algún modo al mandato de Cristo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15).
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