- El Salmo 79, que nos propone la liturgia del XXVII domingo del tiempo ordinario, hace referencia a las tres tribus del norte, Efraín, Benjamín y Manasés. Esto nos hace pensar que dicho Salmo pudiera referirse a la invasión asiria que concluyó en el 722 a. C. con la destrucción de Samaría. El salmista hace su oración antes del triste desenlace y suplica a Dios que intervenga para salvar a su pueblo. El Salmo está compuesto por cinco estrofas, tres de las cuales terminan con un estribillo: “¡Levántanos, Dios de los ejércitos, haz brillar tu rostro y seremos salvos!” (vv. 4.8.20).
- Con la figura tradicional de la vid, frecuente en la Biblia, el salmista traza la historia de Israel. Esta vid, trasplantada de Egipto a la Tierra prometida, prosperó y ocupó todo el país. Ahora el salmista se pregunta por qué esta vid ha caído en tanta desolación, hasta el punto de que cualquier animal salvaje la puede devastar (vv. 9-17).
- La Iglesia es la viña de Dios. Cristo es la verdadera vid, nosotros somos los sarmientos y el Padre es el labrador (Jn 15,1-8). La antigua viña infiel ha sido renovada en Cristo y de ella ha surgido la Iglesia, que forma con él una sola cosa y que se extiende con sus raíces por toda la tierra. Esto nos da a todos nosotros un sentimiento de gran esperanza y de confianza en la intervención de Dios que siempre intervendrá para salvarnos.
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