Ser testigos de misericordia – ACOGER

5 enero 2026

Nino Savarino
Testigos de misericordia” - Acoger
La sección “Testigos de misericordia” con el libro (hojeable) de Nino Savarino. Este lunes, el verbo “acoger” y la obra “dar posada al peregrino”.

Un capítulo a la vez del libro de Nino Savarino, Gobernador de la Misericordia de Rosolini, amigo de spazio + spadoni y colaborador de varios proyectos y del blog.

Del Salmo 15 (14)

Señor, ¿quién habitará en tu tienda? ¿Quién morará en tu monte santo?

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Aquel que camina sin tacha, actúa con justicia y habla con lealtad,

no calumnia con su lengua, no hace daño a su prójimo

y no ultraja a su vecino.

Acojamos al hermano. Vivamos juntos bajo la misma tienda

Decía el Papa Francisco: “El amor nos hace tender hacia la comunión universal. Nadie madura ni alcanza su plenitud aislándose. Por su propia dinámica, el amor exige una progresiva apertura, mayor capacidad de acoger a los demás, en una aventura nunca acabada que hace converger a todas las periferias hacia un pleno sentido de mutua pertenencia.

Jesús nos dijo: «Todos vosotros sois hermanos» (Mt 23,8)” (FT, 95).

La acogida es una expresión del amor, de ese dinamismo de apertura que nos empuja a poner la atención en el otro, a buscar lo mejor para su vida (cf. FT, 91-94) y que, en su pureza, es la caridad infundida por Dios.

En la medida en que está impregnada de esta actitud de apertura y acogida, una sociedad se vuelve capaz de integrar a todos sus miembros, incluso a aquellos que por diversas razones son “extranjeros existenciales” o “exiliados ocultos”, como a veces resultan ser las personas con discapacidad o los ancianos (cf. FT, 97-98).

“Acoger significa disponer un espacio digno, pero sobre todo predisponerse a escuchar la diversidad del otro, que se transforma en riqueza.

La escucha implica la suspensión del juicio, es decir, renunciar al prejuicio para abrirse al conocimiento de uno mismo y de los demás, generando diálogo”.

Cuántas veces, escuchando los telediarios, nos hemos conmovido ante tantos migrantes muertos en el mar.

“Pobrecitos”, decíamos, mientras continuábamos cenando.

Cuántas veces, escuchando las noticias, nos hemos manifestado de acuerdo con quienes afirman que es mejor que el forastero se quede en su casa.

Tema espinoso.

Lo curioso es que, si el forastero es blanco y no viene de África, no se le considera tan forastero. Sin embargo, si es de color, africano y tal vez de otra religión, entonces resulta ser más que un forastero: es visto como un cuerpo extraño.

Tema espinoso.

Porque incluso cuando el migrante vive al lado, sigue considerándose un “otro” respecto a ti, a tu círculo de amistades.

Es el miedo a la diferencia y a la diversidad.

Tal vez ha llegado verdaderamente el momento de conocernos sin temor y abrir nuestra tienda.

Nuestro viaje será hermoso si pensamos que también nosotros somos forasteros para los demás y que, bajo la misma tienda, somos hermanos e hijos del mismo Dios.

Dar posada al peregrino

Un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise; porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13). La huida de la Sagrada Familia a Egipto no fue fruto de una libre elección, como tampoco lo fueron muchas de las migraciones que marcaron la historia del pueblo de Israel.

Migrar debería ser siempre una opción libre, pero en muchísimos casos, todavía hoy, no lo es.

Conflictos, desastres naturales o simplemente la imposibilidad de vivir una vida digna y próspera en la tierra de origen obligan a millones de personas a partir.

Ya en 2003 San Juan Pablo II afirmaba que «construir condiciones concretas de paz, por lo que respecta a los migrantes y refugiados, significa comprometerse seriamente a salvaguardar ante todo el derecho a no emigrar, es decir, a vivir en paz y dignidad en la propia patria».

Mensaje del Papa Francisco para la 109ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2023.

Puntos de reflexión

Él levantó los ojos y vio a tres hombres de pie cerca de él. En cuanto los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la tienda y se postró en tierra, diciendo: «Mi señor, si he hallado gracia a tus ojos, no pases de largo sin detenerte con tu siervo. Que se traiga un poco de agua, lavaos los pies y descansad bajo el árbol. Permitid que traiga un bocado de pan y reconfortad vuestro corazón; después podréis continuar, pues para eso habéis pasado junto a vuestro siervo» (Gén 18, 2-5).

Fuente e imagen: Nino Savarino, “Testigos de misericordia”, 46-50

Hojee el libro de Nino Savarino

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