Visitar a los presos: comentario de la Pastoral de la Salud

19 de mayo de 2025

Redacción
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Visitar a los presos y la dignidad
Visitar a una persona en prisión significa recordarle que su dignidad no queda anulada por su historia.

(Dr. Marco Lora – CEI, Secretariado Nacional para la Pastoral de la Salud; Profesor invitado del Pontificio Instituto Teresianum)

La realidad de la cárcel y la pérdida de la libertad

Una puerta cerrada a las espaldas. Esta es la imagen que, con mayor nitidez, describe la realidad de la cárcel: un cerrojo que anula la libertad. La condena penitenciaria, dentro de su dureza, representa un avance frente a la ley del talión y la pena capital, pero sigue constituyendo una privación real de la libertad.

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En Italia se han producido notables avances normativos e institucionales durante el último siglo; sin embargo, el estigma sobre la persona condenada continúa vigente.

La prisión alza muros infranqueables. Solo el pensamiento puede sortear los muros en busca de consuelo, cercanía y reconciliación.

Salud entre rejas: aislamiento y atención integral

En el terreno sanitario –como advertía el informe del Comité Nacional de Bioética en 2013–, numerosos centros penitenciarios padecen hacinamiento y soledad existencial. Son espacios propensos a la transmisión de virus (VIH, hepatitis C, tuberculosis), y el sedentarismo propicia la aparición de hipertensión y diabetes. La reclusión acarrea estrés agudo y angustia, truncando los horizontes de vida.

Asimismo, la experiencia penitenciaria difiere según el género, confluyendo en el presidio diversas procedencias, tensiones culturales y adicciones.

La mirada evangélica y la entrega desinteresada

El Evangelio propone un criterio orientador determinante: «estuve en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25, 36).

La Obra de Misericordia de visitar a los presos supone un itinerario espiritual: secundar la paternidad divina que nos hace prójimos del hermano más desvalido. Del mismo modo que un hermano mayor ampara al pequeño sin reclamar recompensas, en la fe se actúa desde la más pura gratuidad.

El servicio en prisión, singularmente cuando aporta competencias sanitarias y promueve la humanización, encarna la donación de talentos y tiempo por amor.

El calor humano resulta insustituible. Si bien la telemedicina presta apoyo diagnóstico en entornos de estricta seguridad, la presencia personal es irreemplazable.

La pregunta «¿cuándo te vimos en la cárcel y fuimos a verte?» (Mt 25, 39) nos preserva del mero altruismo secular: se trata de reconocer la presencia viva de Cristo en el sufriente.

«God bless you» se saluda en Norteamérica; «Dios te bendiga» ha de ser el saludo fraternal al visitar a un recluso.

Testigos de la Iglesia: de Juan XXIII a Francisco

Esta verdad espiritual ha quedado plasmada en hechos memorables de la Iglesia contemporánea.

San Juan XXIII, tras su primera Navidad como Pontífice, acudió a la cárcel romana de Regina Coeli. «Pongo mis ojos en vuestros ojos», expresó a los internos, enviando su bendición a quienes se hallaban en módulos de alta seguridad. El Papa bueno quebró décadas de encierro vaticano para abrazar a los presos.

En 1983, San Juan Pablo II se personó en la celda de quien atentó contra su vida para dialogar cara a cara con él.

La Iglesia reconoce asimismo el testimonio de la venerable Giulia Colbert, marquesa de Barolo, entregada a la promoción de las reclusas y a la reinserción social de las excarceladas.

La atención a los presos constituye una prioridad constante para el Papa Francisco, evidenciada desde Casal del Marmo hasta Filadelfia, mostrándose siempre como pastor y hermano.

Una puerta abierta a Cristo

En la «Carta para el Año de la Misericordia», el Santo Padre alentó a convertir los barrotes en plegaria: «cada vez que atraviesen el umbral de su celda dirigiendo su pensamiento y oración al Padre, que este gesto signifique para ellos el paso de la Puerta Santa».

La visita al preso abre cauces de diálogo, consuela el dolor y siembra esperanza. Esa puerta se ensancha y se abre definitivamente a Cristo.

(Texto de noviembre de 2016)

Imagen creada digitalmente por spazio + spadoni

Fuente: Secretariado Nacional para la Pastoral de la Salud de la CEI

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