Queridos amigos,
continúa nuestra misión aquí en el norte de Costa de Marfil en un territorio predominantemente musulmán, con una convivencia pacífica y respetuosa que es también un ejemplo para tantas situaciones que nos toca vivir en estos tiempos llenos de incomprensiones, violencia, guerras y desórdenes diversos.
Un territorio predominantemente musulmán (el 93%), donde la convivencia es pacífica. Los cristianos son el 3% de la población: significa que llegas a un lugar después de más de una hora de camino y tienes tres fieles en la iglesia.
Sin embargo, es interesante ser minoría, también porque la esperanza es ante todo presencia, hacer sentir que estás ahí. Vas a alimentar una fe con los pocos que hay, y lo haces con gestos concretos.
Nuestra misión continúa con su compromiso diario en torno a la Parroquia y al Centro de Salud, donde intentamos estar cerca de la gente con campañas de prevención, visitas a las aldeas y vacunaciones.
También se han iniciado proyectos de escolarización, dirigidos principalmente a niños y niñas, que son las categorías menos respetadas. Intentamos tener una atención especial a la condición de las mujeres: su dignidad no se reconoce en absoluto, y sin embargo son la esperanza de la familia, de las comunidades y del país. Trabajan en silencio, pero su mensaje llega a todos: son el futuro de África.
Es al acompañar estas situaciones como se realiza el ser “peregrinos de esperanza”.
Actualmente, estamos viviendo una experiencia importante en la Parroquia con la peregrinación de la estatua de nuestro Fundador, San José Allamano. La estatua fue hecha en Argentina y la trajimos a través de un padre argentino nuestro que estaba de vacaciones.
Nunca creí que la estatua de un santo pudiera hacer tanto bien, y sin embargo es lo que estamos viviendo ahora con esta peregrinación parroquial de San José Allamano. Estamos llevando la estatua a las diferentes aldeas para que, durante algunos días, la comunidad se encargue de custodiarla y rezar. Ocurren cosas excepcionales.
Personas que se ponen de rodillas ante la estatua y rezan con fe, muchísimos que en un cuaderno grande puesto a disposición escriben oraciones, intercesiones, gracias recibidas… Ponen pequeñas cruces si no saben escribir… ¡estas son las oraciones más bellas!
En esta misión de periferia es fácil encontrar en la misma familia a miembros con religiones diferentes. Pero en una aldea, me conmovió la historia de una niña de unos tres años que viene sola a la capilla católica a rezar y, terminada la oración, regresa a casa.
La maravilla es saber que es la única de la familia que reza y los padres están tranquilos dejándola venir sin impedírselo. ¿Qué impulsa a la niña a ir a la Iglesia tan pronto como oye sonar la campana o el hierro que hace de campana?
¿Qué significa, en otra aldea, una procesión de hormigas que avanza, rodea la estatua y regresa? ¿Qué significa una luz diferente que ilumina al Allamano y todos los presentes se detienen a admirar asombrados?
Todos ellos son signos que nos quieren hablar de la inmensidad, de la profundidad, del gran misterio que es Dios y que como Padre cuida de todos nosotros sin olvidar siquiera una brizna de hierba.
Foto del padre Stefano Camerlengo

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