Salmo XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

27 de August de 2026

salmo
  1. Según la indicación del título, el autor del Salmo 62 es el rey David, mientras moraba en el desierto de Judá, durante la rebelión de su hijo Absalón (2 Sam 15,23-30). Un deseo y una sed ardiente de Dios impulsa al salmista a la búsqueda de su Señor, como la tierra árida busca el agua. Él anhela poder contemplar en el Templo su poder y su gloria: para él cuenta más el amor de Dios que la misma vida: “2Oh Dios, tú eres mi Dios, desde la aurora te busco, tiene sed de ti mi alma, te desea mi carne en tierra árida, sedienta, sin agua. Así en el santuario te he contemplado, viendo tu poder y tu gloria. Porque tu amor vale más que la vida” (vv. 2-4).
  2. Dios es el bien supremo: de él, como en un suculento banquete, se sacia toda nuestra vida, y al alabarlo exultamos de alegría. También en las horas de la noche el salmista piensa en Dios y se siente protegido por su amor como por alas amorosas (vv. 5-8). El Salmista se confía totalmente al Señor que lo sostiene con la fuerza de su diestra: esta total confianza lo hace estar seguro incluso ante todos sus enemigos y ante todas las pruebas de la vida (vv. 9-12).
  3. Con las maravillosas elevaciones del Salmo, el Señor nos conduce de la ansiedad de la búsqueda a la alegría de la comunión y al abandono en sus brazos, que nos sostiene con fuerza, y cuyo amor es el verdadero sentido de nuestra vida. La auténtica oración es siempre búsqueda y aspiración a Dios. Este Salmo nos ayuda a ir dócilmente hacia Dios, el cual nos ilumina mientras pensamos en él, y nos nutre en profundidad mientras lo adoramos: “Cuando pienso en ti que has sido mi auxilio, exulto de alegría a la sombra de tus alas. A ti se une mi alma: tu diestra me sostiene” (vv. 7-9).

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