Una obra de misericordia a la semana con… Carlo Miglietta | 6. SOPORTAR PACIENTEMENTE A LAS PERSONAS MOLESTAS

22 de August de 2025

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La situación

El adjetivo «molesto» califica a quien ocasiona incomodidad, fastidio o perjuicio; resulta desagradable y arduo de sobrellevar. Su etimología latina se vincula con moles, término que alude a pesadez, mole voluminosa y peligro potencial: las personas molestas son aquellas cuya presencia sentimos como una carga pesada sobre los hombros, percibiéndose como desgastantes o amenazantes.

A lo largo de la historia han abundado personalidades pendencieras, importunas e indiscretas. No obstante, el individualismo actual parece haber multiplicado estas actitudes. Una breve demora ante el semáforo verde desata una salva de bocinazos; el acoso escolar prolifera desde temprana edad; el hostigamiento reiterado sume a las víctimas en la angustia; la cerrazón ante la libertad ajena desencadena la tragedia de los feminicidios. En internet, el anonimato propicia una virulencia verbal ante la cual resulta complejo protegerse.

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La hostilidad invade el entorno familiar, el puesto de trabajo, la vía pública y las pantallas. Se percibe igualmente una agresividad pasiva: portazos, miradas de reproche, silencios hostiles y desplantes que hieren la sensibilidad sin dejar marcas visibles. Aunque la autodefensa integre la historia evolutiva, el debilitamiento de los lazos morales conduce a la anomía: en ausencia de pautas éticas compartidas, los miembros de la comunidad terminan viéndose como competidores o adversarios.

La paciencia del Creador

La Sagrada Escritura resalta de continuo la paciencia del Creador: «¿No soy yo quien tiene paciencia y cierra los ojos?» (Is 57,11); «¿Se habrá agotado la paciencia del Señor?» (Mi 2,7); «¿O desprecias las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?» (Rm 2,4). Dios modera el castigo porque aguarda la conversión de todos (2 P 3,9; Rm 9,22; Rm 3,25-26).

En el Éxodo, el Señor sobrelleva las protestas constantes del pueblo que liberó de Egipto, socorriéndolo con el maná y las codornices. El propio Moisés apela con frecuencia a la clemencia divina. Jesús muestra esta misma paciencia con sus discípulos: cuando la madre de Santiago y Juan solicita los primeros puestos para sus hijos (Mt 20,21), Cristo aprovecha la ocasión para enseñar que la grandeza en su Reino no reside en el dominio terrenal, sino en el servicio humilde. Parábolas como la del hijo pródigo, la viuda insistente (Lc 18,1-8) y el amigo inoportuno que pide pan a medianoche (Lc 11,5-9) demuestran el poder transformador de la acogida y la perseverancia.

Soportar

La palabra paciencia proviene del latín patior, emparentada con passio y compasión (padecer con). En los textos bíblicos, la capacidad de soportar (anoché) se articula con la constancia perseverante (hypomoné) y la magnanimidad de ánimo (makrothymía) (Ef 4,1-3; Col 3,12-14; 2 Ts 1,4).

La Biblia exhorta reiteradamente a no dejarse arrastrar por la cólera: «Más vale el hombre paciente que el héroe, quien domina su espíritu que quien conquista una ciudad» (Pr 16,32); «El impulsivo comete locuras, el sensato sabe esperar» (Pr 14,17). El apóstol Santiago aconseja: «Que cada uno sea pronto para escuchar, tardo para hablar y tardo para la ira» (St 1,19), proponiendo el testimonio de Job y de los profetas. Pablo invita a revestirse de entrañas de misericordia y perdón mutuo, recordando que el amor «todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Cor 13,7).

La enseñanza de Jesús pide un examen de conciencia antes de juzgar: retirar la viga del ojo propio antes de señalar la brizna ajena (Lc 6,41). Con frecuencia, también nosotros mismos resultamos gravosos para quienes nos rodean. San Benito, en el capítulo 72 de su Regla, exhorta a los monjes a sobrellevar con profunda paciencia las fragilidades corporales y espirituales de los hermanos, rivalizando en el afecto mutuo. Soportar con paciencia a las personas molestas constituye una obra cotidiana y decisiva, llamándonos a reflejar en el trato humano el amor gratuito de Dios.

Imagen creada digitalmente por spazio + spadoni

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