Salmo XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

10 de September de 2026

salmo
  1. El Salmo 102 es un maravilloso himno a la misericordia y al perdón de Dios, que “perdona todas nuestras culpas, que sabe de qué estamos plasmados, que recuerda que nosotros somos polvo y no nos trata según nuestros pecados, no nos paga según nuestras culpas” (vv. 3.14.10).
  2. Dios no es por tanto “justo” según los criterios humanos, porque es Amor, y por tanto, en su misericordia, nunca castiga, sino que perdona siempre (2 Sam 24,14; Sal 51,3; 66,20): “Porque soy Dios y no un hombre; soy el Santo en medio de ti y no vendré a ti en mi ira” (Os 11,9). La misericordia es expresión de su esencia divina. La misericordia lo distingue completamente de los hombres y lo eleva por encima de todo lo humano.
  3. Pero Dios no solo perdona siempre: él olvida completamente nuestros pecados. ¡Nada que ver con la habitual imagen de un Dios que al final de nuestra vida nos esperará con una balanza en la que deberá evaluar si en nosotros ha prevalecido el bien o el mal, o con un gran cuaderno en el que estarán escritas todas nuestras acciones! Debemos tomar en serio las palabras de la Escritura: “¡Yo borro tus maldades por amor de mí mismo, y no recuerdo más tus pecados!” (Is 25,7; cfr 43,25); nuestros pecados son “arrojados al fondo del mar” (Miq 7,19), se volverán “blancos como la nieve y como la lana” (Is 1,18), serán “disipados como niebla y como nube” (Is 44,22), ¡porque Dios olvida de verdad todas nuestras culpas! De verdad “como el cielo es alto sobre la tierra así es de grande su misericordia…, como dista el oriente del occidente así Dios aleja de nosotros nuestras culpas” (vv. 11-12).

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