XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

28 de julio de 2026

Mateo

El alimento indispensable para vivir

Lecturas: Is 55,1-3; Rm 8,35.37-39; Mt 14,13-21

Jesús está constantemente atento a las necesidades materiales de quienes encuentra. Lo revela también su solicitud al multiplicar pan y peces para las multitudes hambrientas, milagro que nos relatan los cuatro Evangelistas, pero que Mateo y Marcos nos cuentan incluso dos veces (Mt 14,13-21; 15,32-39; Mc 6,30-44; 8,1-16; Lc 9,10-17; Jn 6,1-13). En tal ocasión Jesús exhorta a los discípulos: “Dadles vosotros de comer” (Mt 11,16; Mc 6,37; Lc 9,13): todos debemos hacernos cargo de los sufrimientos de los necesitados, es tarea de todos alimentar a los hambrientos de este mundo. “Es deber cristiano, por tanto, señalar la inhumanidad de las leyes económicas que aún hoy impiden a gran parte de la humanidad poder alimentarse, saciar su sed, curarse adecuadamente” (A. Agnelli). Además Jesús enseña que es la coparticipación la que obra el milagro de resolver el problema de todos: los pocos panes y peces ofrecidos a él son transformados por la fuerza de su Palabra en la satisfacción de la necesidad alimentaria de las multitudes. Los “doce cestos” (Mt 14,20; Mc 6,43; Lc 9,17; Jn 6,13) o, según las versiones, los “siete cestos” (Mt 15,37) de pan sobrantes, son signo de la prodigiosa superabundancia que puede derivar del compartir.

Jesús enseña siempre que “las necesidades materiales deben ser satisfechas… Deben anularse todas las leyes humanas, religiosas y económico-sociales que impiden el acceso a los bienes de la tierra” (A. Agnelli). ¡Qué advertencia para nuestra economía que tiene en el centro el capital y ciertamente no a la persona!

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Pero, como recuerda Jesús, “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4; cf. Dt 8,3). En el Antiguo Testamento, a menudo la Palabra de Dios es comparada con el alimento, como en la primera lectura de hoy (Is 55,1-3; cf. Pr 8,22-24; 9,1-6; Sir 24,1.17-21). En Juan, al milagro de la multiplicación del pan en el capítulo 6 le sigue el gran discurso explicativo sobre la Eucaristía, texto en el que los exegetas se esfuerzan por comprender lo que Jesús refiere a su Palabra y lo que refiere a su Cuerpo.

El relato de la multiplicación de los panes tiene en sí claros referentes eucarísticos: como en la última cena, Jesús “pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos” (Mt 14,19; cf. Mt 26,26). Ya las pinturas de las catacumbas recurren al milagro de la multiplicación de los panes para representar la Eucaristía, alimento para la vida: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” (Jn 6,35.48.51.55). Jesús es el Pan que no perece (Jn 6,27): a este mundo que busca mil panes, el Evangelio reitera que hay “un solo pan” (Mc 8,14), “el verdadero…, el que desciende del cielo y da la vida al mundo” (Jn 6,32-33). Jesús, el Pan, es el gran “signo” (Jn 6,30) dado por el Padre: a los judíos que, como a menudo hacemos nosotros, polémicamente piden prodigios para creer (Jn 6,30; cf. 1 Cor 1,22), se les ofrece el milagro de un Dios que se entrega totalmente, que se deja partir, que se deja comer, que se convierte en “pan de vida”. Cristo sacia nuestras necesidades más profundas, colma nuestras expectativas, disuelve nuestros miedos, vence nuestros límites creaturales. Cada Eucaristía nuestra debe ser verdaderamente una adhesión total a Cristo, para “no tener más hambre ni tener más sed” por siempre (Jn 6,35), para ser saciados por su amor inmenso del que nada, nos dice la segunda lectura (Rm 8,35.37-39), podrá jamás separarnos.

Además, mientras que cuando comemos los alimentos normales son ellos los que se metabolizan en nuestro organismo, convirtiéndose en nuestra carne y nuestra sangre, al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo somos nosotros los que somos “asimilados” en él. Comiendo del pan y bebiendo del vino eucarístico uno se “cristifica”, se transforma en el Señor (Jn 6,53-54.56-57). “La Eucaristía transforma a los fieles en sí misma” (Máximo el Confesor): ¡nutriéndonos de Cristo nos convertimos en él!

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