Salmo 62 – XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

5 noviembre 2026

salmo
  1. En el domingo en que el Evangelio nos presenta a las vírgenes que esperan con ansia al esposo que viene para las bodas, la liturgia nos hace rezar con el Salmo 62, Salmo atribuido al rey David cuando habitaba en el desierto de Judá durante la rebelión de su hijo Absalón (2 Sam 15,23-30). Un deseo y una sed ardiente de Dios impulsa al salmista a la búsqueda de su Señor como la tierra reseca busca el agua (vv. 2-4).
  2. Dios es el bien supremo: solo de él, como en un suculento banquete, nos saciamos, y al alabarlo exultamos de alegría. También en las vigilias nocturnas recordamos que el Señor es siempre nuestro auxilio, y por tanto también en la dificultad y en el peligro a él nos abandonamos a la sombra de sus alas (vv. 5-8).
  3. El Salmo 62 es el Salmo de la mañana más tradicional y fundamental. Nos exhorta a una sed continua de Dios, y a una continua búsqueda de él. El Salmo nos conduce de la ansiedad de la búsqueda al gozo de la comunión y a abandonarse en los brazos de aquel que nos sostiene con fuerza (v. 9), y cuyo amor es mejor que la vida misma (v. 4).

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