- El Salmo de hoy, el 144, nos prepara para un Evangelio “extraño”: Dios es un juez “injusto” según los criterios humanos, porque premia con el mismo salario tanto a los que en la viña han trabajado doce horas como a los que han trabajado solo una hora (Mt 20,1-16). “¿Qué clase de empleador equívoco es aquel que no paga la misma compensación por el mismo trabajo, sino que da el mismo salario también a los recién llegados…? ¿Qué clase de Dios es este?” (K. Berger).
- Ante las murmuraciones de los trabajadores de la primera hora, que se ven pagados como los que se han esforzado solo una hora, el Dueño replica: “¿Tienes tú envidia porque yo soy bueno?” (Mt 20,15). Sí, el punto central es lo que Dios dice de sí: “Yo soy bueno” (Mt 20,15): una bondad que supera toda justicia humana. De hecho “el dueño se presenta como un señor excepcional cuyo modo de actuar con los súbditos supera cualquier relación legalista. Como el protagonista de la parábola solo se comporta Dios en sus relaciones con los hombres, y en su seguimiento Cristo…, que trata con igual bondad a los judíos y a los paganos, a los justos y a los pecadores de cualquier época y procedencia. Magnánimo con todos, lo es particularmente con los hombres de la calle, los publicanos, las meretrices, las personas más necesitadas” (O. da Spinetoli).
- Tal como afirma el Salmo 144: “8Misericordioso y compasivo es el Señor, lento a la ira y grande en el amor. 9 Bueno es el Señor para con todos, su ternura se extiende sobre todas las criaturas. Fiel es el Señor en todas sus palabras y bueno en todas sus obras…. 14 El Señor sostiene a los que vacilan y levanta a todo el que ha caído. 15 Los ojos de todos a ti están dirigidos a la espera y tú les das el alimento a su debido tiempo. 16 Tú abres tu mano y sacias el deseo de todo viviente. 17 Justo es el Señor en todos sus caminos y bueno en todas sus obras” (vv. 8-9.14-17).
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